Amore mio
No eres un error que necesita arreglarse.
¿Podemos liberar la idea de que existe una mejor versión de nosotras mismas? ¿Podemos de una vez por todas renunciar a la idea de que tenemos que llegar a ser dignas de que nos pongan un monumento? Al carajo vivir en la idea del “máximo potencial”.
No hablo de no seguir aprendiendo y no tiene nada que ver con conformismo y tiene todo que ver con dejar de juzgar lo que somos en este momento. De salir de la eterna persecución de algo que “alcanzar” y más de tener el placer de invertir tiempo y energía en lo que nos expande, el cuerpo, la mente, el alma.
Dejar de tomar el crecimiento personal como una oportunidad más para juzgar lo erróneas que somos y vivir pensando que en el futuro todo será mejor. A cuántas no nos ha dado ansiedad no poder meditar correctamente, por no sentirnos conectadas y en flow o haber cambiado el libro de Mel Robbins por una buena serie de Netflix.
Hay veces en que el acto más grande de conexión es desconectar, a veces lo que necesita tu cuerpo es sentirse a salvo con algo que no requiere ningún esfuerzo. Y el acto más grande de amor hacia ti misma es dejar de pensar que eres un error que necesita arreglarse.
No necesitamos un check list de productividad espiritual para validarnos, no hay que perseguir estar siempre motivadas, inspiradas, reguladas y con los chakras alineados. En perderse hay respuestas, en los bajones emocionales hay amor, en las pausas hay verdades y de las buenas.
El crecimiento real se ve como darte permiso de ser quien eres, sin correcciones, con total amabilidad. Acompañándote. En tu caos y en tu calma. En la cima y en la sombra.
No vengo a decirte que no trabajes en ti. Crece, si. Pero no para convertirte en otra, si no para sentirte cada vez más en ti, más segura en tu piel, más en paz con tu vida, con todo tu ser. Ahí esta la verdadera transformación.
Porque si lo hacemos por convertirnos en otras, lo entendimos todo mal.
No hay versión futura de ti que merezca más amor que la que está leyendo esto ahora mismo. Nos quitemos los trajes que ya no nos quedan, las exigencias heredadas, los estándares que nunca se sintieron congruentes. Y nos volvamos a escuchar, a sostener, sin presión y sin prisa. Sin perfección.
No tienes que ser algo diferente para vivir intensamente. No hay algo “correcto que vivir” no hay algo que pueda impedir que no experimentes totalmente tu ser.
Cambiemos transformarnos por habitarnos, en total recibimiento, sin juicio, con todo el amor del mundo. Y desde ahí solita sucede la expansión.
Da igual en donde estés, da igual lo que estes haciendo. Se tu casa, tu lugar seguro, tu espacio sagrado, tu amor incondicional.
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Gracias por leer.
Ivonne



Bueno!